La poesía automática, Deftones,la presencia escénica y la urgencia de lo inútil

Cuando era adolescente y cursaba el bachillerato en la Pedro Pablo Sánchez, solía decir poemas automáticos al estilo de los surrealistas, los recitaba junto a mis compañeros en los banquitos del recreo o  cuando caminaba con otros chicos y chicas en dirección a la refresquería Las abejas para abastecernos del clásico chicheme. Siempre que un poema automático irrumpía, los demás trataban de poner atención e incluso comentaban al final de la experiencia. Muchos años después, en una de las primeras novelas de Cortázar, Divertimento, me encontré con un personaje que también practicaba la poesía automática. En el libro, de pronto, sin previo aviso, Jorge Vigil se dejaba tomar por esa marea de palabras cuyo significado chisporroteaba en la atmósfera como las lágrimas de un cable con voltaje infinito.

Esa era una de mis obsesiones en esa época; la otra, la música rock. Al escuchar a bandas como Nirvana, Bush, Korn, Rage Against the Machine, Linkin Park y Deftones no dejaba de sentir aquella misma sensación de alteración energética que experimentaba al decir poemas automáticos, es decir, un estado que tendía siempre hacia un mayor desorden o hacia una cierta inestabilidad consentida. Fue así que, en ese entonces, después de escuchar Nevermind, Freak on the leash, Around the fur y otros discos aclamados, se me ocurrió la idea de escribir una poesía hardcore o grunge. El resultado fue un mamotreto llamado Alma de cassetera punk, el cual fue pasado justicieramente por las llamas en 2007. Nada material quedó de ese intento, sin embargo , algunas de esas premisas y la conciencia de ese tipo de energía constituyen el núcleo simbólico y emocional de mi poemario Lluvia Inflamable, al menos así me lo parece a mí y a cierto grupo de generosos lectores.

Y al fin y al cabo, ¿por qué escribo todo esto?... Quizá por nostalgia, quizá porque en estos días aciagos en que las masacres se multiplican por todo el planeta frente a la mirada cómplice e indiferente de la mayoría de los líderes mundiales, me hace bien volver a las prácticas  que me restituyen a lo que llamo “la presencia circular”: Un estado ontológico intensificado en el cual el ruido mental se detiene para dar paso a una vivencia atípica que a través del asombro o la catarsis puede reajustar la percepción y la capacidad expresiva. Es un espacio de recibimiento y ofrenda. El resultado de un desarreglo lírico que es posible encontrar en un filme, en un cuadro, en el  teatro, en un poema, pero que, en la música, es mucho más inmediato e irresistible, probablemente porque su condición de onda constituye la mitad de la  naturaleza de la luz. Por eso, con frecuencia, me pregunto si mirar las estrellas no será más bien escuchar con los ojos las antiguas canciones del universo.

Y hablando de canciones, una que me lleva a ese desbalance hermoso del que vengo hablando es el sencillo principal del cuarto álbum de Deftones, “Minerva”. Observando el vídeo de ese temazo, el cual según IMDB  fue filmado en el desierto de California durante una tormenta de arena, me pongo a pensar en grandes teatristas como Eugenio Barba y Augusto Boal, los cuales se sumergieron a fondo en el estudio de la energía y la presencia escénica. Recuerdo uno de los ejercicios que Boal describe en su ya legendario libro Juegos para actores y no actores, que se desarrolla más o menos del siguiente modo: un grupo canta mientras se mueve por el espacio, luego callan abruptamente, esperan un momento  y señalan a alguien para que cante, cada una de las personas que conforman el grupo verifica si la canción en su mente se encuentra sincronizada con el que canta, a continuación el grupo vuelve a cantar al unísono, en ese momento se descubre si están todos coordinados o no. No importa el error, el ejercicio busca la escucha y la conexión, la música funciona como el tejido que mantiene la integridad del conjunto, les permite habitar el mismo circuito desde el silencio y les habilita para comprender el pulso de ese instante. En ese sentido, cuando miro a Chino Moreno mover su cuerpo y cantar con pasión extrema en el vídeo de “Minerva”, se me ocurre que lo que está sucediendo es una variación del ejercicio de Boal, ya la música colma el espacio donde se congrega la banda, es decir, todos están ya inmersos en el tejido, ¿qué queda por sincronizar ahora? Yo creo que la energía de sus cuerpos, habitar el campo energético de una música tan potente implica lo que Eugenio Barba llama energía extra cotidiana. Nunca deja de asombrarme el performance de vocalistas como Zack De la Rocha, Jonathan Davis, Kid Rock, y en este caso, Chino Moreno. ¿Por qué? Porque mientras el resto de la banda puede canalizar una gran cantidad de energía a través de los instrumentos musicales, los cantantes lo hacen a través de su propio cuerpo. En primera instancia a través de la voz, y en un nivel subsecuente pero no menos importante, a través del cuerpo. El vocalista se percute o se rasguea así mismo como si de una batería o guitarra eléctrica se tratara. Por tal motivo, podemos ver a Chino Moreno saltar, avanzar y retroceder, aplaudir repentinamente, extender y distender los brazos, hay en su comportamiento escénico algunas de las características descritas por Eugenio Barba en Paper Canoe con relación a la presencia escénica: equilibrio alterado, tensión y oposición, ritmo y dirección de la energía. Sin embargo, lo que considero más importante a destacar es el hecho de que como espectadores consentimos la corporalidad anómala de Moreno, consciente o inconscientemente comprendemos que no hay otra manera de vivenciar esa zona de alta densidad energética que se materializa en la canción. Esa podría ser la razón por la cual en los conciertos de rock el público entra fácilmente a compartir el mismo flujo de energía que emana desde el escenario, ¿cómo no rockear cuando se escucha en vivo Bulls On Parade, Blind, o Toxicity? En medio de esa entropía que renueva, de ese estremecimiento que se resuelve en vuelo, la quietud y la indiferencia equivalen a la piedra que golpea al pájaro o al vidrio que atraviesa la arteria. Es decir, a esa clase de inercia que se opone a lo espontáneo de la vida.

En esa misma línea, la de la inercia, se ha dicho de la poesía  automática que busca lo irracional. Desde otra perspectiva del término, la de filósofos como Schopenhauer y Bergson, por ejemplo, se podría decir que si explora lo irracional, entonces la poesía automática reivindica  la intuición, la voluntad, la experiencia, los sueños, las emociones, los impulsos y deseos como formas de ahondar en la realidad. No obstante, considero que la palabra  irracional, tan malinterpretada y vilipendiada en nuestra época, frecuentemente ligada a las ideas de alienación y destrucción, arroja sobre el automatismo psíquico un halo de negatividad que desvirtúa el sentido emancipador de su propuesta. También creo que no es posible definir la poesía automática como mera oposición a la lógica, porque más que oponer, el automatismo revela que la razón abarca solo una pequeña porción de la interfase mental y sensorial que le permite a los humanos sentipensar la vida. No parece baladí cuando advertimos los procesos de vaciamiento y rediseño de los términos que sostienen la interacción social. Al parecer estamos asistiendo a la época del simulacro conceptual. La razón ya no es aquella que promulgaban los griegos y los ilustrados, sino una especie de cascarón que opera como camisa de fuerza para la espontaneidad, las emociones, la imaginación, el goce, la indignación y cualquier otro eje de experiencia que no sea útil al régimen de hiperproducción actual. Siendo así, lo inútil sería aquello que desordena el sistema, o incluso, aquello que no es el sistema, más aún, aquello que el sistema solo combate,que no lo puede integrar porque de hacerlo correría el riesgo de colapsar. He nombrado antes algunos de esos espacios de deslumbramiento, los vuelvo a mencionar: La poesía automática, una escritura capaz de alterar el entorno debido a su ímpetu y desobediencia, la energía eufórica y arrebatada de la música rock, la energía extracotidiana que Barba observó en algunos intérpretes y, por supuesto, el juego, ese gran bastión de la mente humana, al que Boal concibe como diálogo corporal, como una forma preverbal del canto, como una ruta para profundizar en la presencia y el convivio. Sin duda hay muchos más en el Arte y en la vida diaria, es urgente descubrirlos y habitarlos, ya que todos son dispositivos para reorganizar la percepción y la comunicación en una vía donde sea posible suspender, por un momento al menos, la vigilancia y el control que el sistema ejerce sobre los cuerpos.

Jhavier Romero
@jhavierromero

Panamá, 12 de mayo de 2026

Canciones sugeridas:

Deftones - Minerva (Official Music Video) [HD Remaster] 
Rage Against The Machine - Bulls On Parade (Official HD Video) 
Korn - Blind / No Way | Live at Woodstock 99
System Of A Down - Toxicity (Official HD Video)

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