Poesía: Antonio Tello
Antonio Tello
Poeta, narrador y ensayista (Villa Dolores, Argentina, 1945). Desterrado de su país, reside desde 1976 en Barcelona, España. En este país se ha consagrado como uno de los más importantes escritores argentinos del exilio. En 2004, publicó Sílabas de arena, que lo reveló como un poeta “en la tradición de Apollinaire, Huidobro, Vallejo y Octavio Paz”, según la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi, ganadora del Premio Cervantes. En 2009, Conjeturas acerca del tiempo, el amor y otras apariencias y, en 2011, Nadadores de altura. Su obra poética ha continuado con la publicación de O las estaciones, Lecciones de tiempo, En la noche yerma, Asteroides y Odiseo en el jardín de doña Pabla.
En 2021, la Fundación Argentina para la Poesía lo incluye en su colección de Poesía argentina contemporánea (Vinciguerra hechos de cultura), La obra de Antonio Tello es situada en la «tradición de los grandes maestros del siglo XX».
Signo
Yo soy ese extranjero que mañana regresará
a la patria, al cabo extraña, a cavar
la colina en busca del poema que su memoria
sepultó en una lata de galletas.
Yo soy ese poeta que hundió en la tierra
la palabra y ha olvidado
el lugar
el índice
la página
la montaña
el poema.
Yo soy ese náufrago sin mares que terminará
sus días contando historias, urdiendo leyendas,
pagado por la caridad de los curiosos,
cuando la fatiga le anude los músculos.
Hiato
Amanece:
El desierto y el día son de arena.
El mar y el día son de agua.
El día, el mar y el desierto son de luz.
En ellos las huellas son invisibles,
efímeros los pasos.
Las caravanas, los barcos y la patria extrañada
son espejismos de polvo y espuma.
El día, el mar y el desierto son
el territorio donde moran los exilios.
De: Conjeturas sobre el tiempo, el amor y otras apariencias (Cartografías, Río Cuarto, 2009)
Ø
Esa cifra sin rostro que contiene el universo
es un grano de nada amasado con el barro.
Un eco de silencio en la carne; un vestigio de
la inteligencia que rige la matemática del día.
Entre el alba y el ocaso, el cero opera la combinación
de notas que compone el sonido y se da al juego
de los signos; a la aritmética de la voluntad que construye
el mundo; a la geometría de la soledad que traza
las planicies y al cabo, cuando la noche llega
y el esfuerzo de ser humano lo fatiga, se entrega a
su propia sombra. A la nostalgia de ser el número.
De: Sílabas de arena (Candaya, Barcelona, 2004)
Verdugo y nadador nadan juntos.
El horror los incumbe. Desnudo uno.
Con el hábito de rigor el otro.
El dolor y la impiedad vulneran sus vidas.
Distinta es la tortura que los derrota.
Otra la muerte que los distingue.
Y en el fondo, el nadador descubre la vasta ciudad
donde viven los náufragos. La gramática hundida
de los que nunca volvieron y hablan la lengua de los peces.
De Nadadores de altura (Cartografías, Río Cuarto, 2009)
Como gotas que susurran su perenne
deseo, entre un abejeo de luces, las aguas
corren serenas. Notas de tiempo que
llenan de sentido el progreso del río.
A una orilla la huérfana duerme.
Entre la fronda, el fauno la acecha.
Entregada al sueño, ella. A la mirada de su
hermosura, él. Ajenos ambos al ocaso.
Ajenos ambos al lento irse del día.
Las aves que el invierno desaira
vuelan en bandadas a cielo abierto.
Es designio del esfuerzo. Salvar
el abismo. Cubrir la distancia.
¡Tantos días para dos alas!
¡Tantas noches para una vida!
De O las estaciones (I-Verso, Barcelona, 2013, Ediciones del Corredor, Los Hornillos, 2022)
y ahora que ya no eres inocente
vacía mis ojos
atraviesa esta ilusión de carne
y hazme sentir
la geometría sin formas del universo
la nota donde nace esta voz
ahora que tus alas arden en la caída
y tu cuerpo carece de sombra
sálvame del horror de esa mirada
ángeles ángeles
sobrevuelan en círculo
el árbol de los ahorcados
palabras y palabras
alfombran en otoño
el monte de los olvidos
Lecciones de tiempo (Libros del Innombrable, Zaragoza, 2015)
De La brisa del estío mece las ramas y notas
de óxido caen del árbol. Tiempo que se deshoja.
En el oscuro cielo, el número infinito
de estrellas y tu mirada que, acaso en un
instante, las alcanza, tu mirada humana
que las reconoce eternas. Sientes entonces la
finitud y no hay fe ni razón que te salve de
la angustia; nada que te libre de esa oscuridad
donde tu ser es un breve fulgor que, en otro
tiempo, a millones de años luz, una noche de
verano, alguien observa creyéndolo eterno.
Asteroides (Cartografías / Ediciones La yunta, 2023)
Aun al amparo del jardín, el extranjero siente el latido y el eco del latido, la doble soledad en las cavernas de su corazón.
Si alguna vez regresa al lugar del que fue desterrado, el hombre comprobará que es otro. Otro él. Otro el lugar. Como si el tiempo de ambos no fuese el mismo.
Odioseo en el jardín de doña Pabla (Ediciones del Callejón, 2025)