Poesía: BBP Bethancourt

BBP Bethancourt

Pseudónimo (en honor a su madre y sus abuelas) de Ariadna García-Rodríguez. Cuenta con experiencia internacional y experticia cultural en Estados Unidos, Francia, España, Grecia y Panamá como docente, investigadora, escritora, oficial de protocolo y técnico en asuntos internacionales. Es cofundadora de la Asociación Taller Cultura (2013 al presente, Panamá), miembro del Colectivo París Poético (Francia-Internacional), de la Asociación de ciencia ficción ALCIFF (Chile), del Club de Lectura ADEH (Asociación de Estudios Humanísticos, Argentina) y del Capítulo Panamá del movimiento poético Resistir (Francia-Internacional). Sus áreas de interés son los estudios lingüísticos-literarios, geo-históricos, ficción especulativa y derechos humanos de las mujeres. Tiene en su haber publicaciones académicas como también de escritura creativa, estas últimas bajo el nombre de pluma, entre las que se destacan: Abrazos de una nariz sin olfato (España, 2012); Opus sostenido: alegoría musical de Abrazos de una nariz sin olfato (Poesía sonora, Panamá, 2014); Patrimonio Intangible (El Salvador, 2018); y como ensayista, con su nombre legal, Geopsiquis de una nación. Ensayos sobre una forma terrestre (Panamá, 2024).

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Del poemario: abrazos de una nariz sin olfato
Colección por mi mala cabeza # 2
Granada, España: Ediciones Tragacanto, 2012

Ataraxia

(en Abrazo número 70)

En tiempos cuando todavía llueve
los imberbes pasean
su humedad de concreto por las mañanas,
y los metiches permean
su malhumor en rostros y ventanas.
En tiempos cuando todavía llueve
y los paraguas escasean,
entre miles de gotas humanas
dos transeúntes con prisa se suicidan,
para llegar primero a donde su deseo de vivir muere.
Mientras miles de gotas humanas
sólo esperan que la tormenta cese,
los paraguas conmovidos cantan
porque la sangre cuando se evapora
trae buena suerte,
porque la sangre
tiñe el ambiente

 

 

Frío

(en Abrazo número 20)

Cuando las hojas juegan a las ranitas
sobre un abismo blanco
y el agua da vueltas y vueltas
suspendida en un aire hambriento,
sólo entonces
me entiendo hijo del instinto.

Querido invierno de mis instintos,
asesinos somos de las blancas palomas.

 

 

Monogamic Site

(en Abrazo número 26)

Usurpación momentánea
de título mal habido,
deseo incontenible
de pertenencia absoluta,
ansias de un cuerpo único
que se entrega de a gotero,
anhelo cruel
o fantasía última
de la infidelidad
del alma.

 

 

Método de seducción en dos

(en Abrazo número 17)

I
Las dos figuras como sombras
cruzan la calle a la hora fijada,
y ambas miradas se buscan y se niegan en la otra extraña.
Celebridad de una noche por soledad de una cama 
caminan otras tres cuadras,
porque la dulzura se da en postales americanas.

II
Bufanda roja-saltona, inadecuada,
cubre el frágil cuello inviolado
que hoy se revuelca en sudor y ganas.
Pero que no sea mucho el sudor que se transpira, 
pero que no sea mucha ni la privacidad ni la mentira, 
porque la traición empieza 
donde la seducción falla.

 

 

Dudasic Park

(en Abrazo número 1)

Mirada y silencio
sobre el pavimento se recogen.

Cuando al alzar la vista
se ensayen un beso innecesario
la incomodidad
cabrá en la menor de las dudas.

Mirada y silencio
sobre el pavimento se recogen.

 

 

Sonrisa preliminar

(en Abrazo número 1)

Reconozco la prisa, la falta y la angustia
en quien cuenta
la soledad de una tarde,
la imposibilidad del aviso,
la prisa, la falta, la angustia.

Quien te cuenta
de repaso la vida
cuenta las precarias formas
de la prisa, la falta, la angustia
y del tiempo
de la prisa, la falta y la angustia
en una sonrisa preliminar.

 

 

Falásarna

(en Abrazo número 4)

No lloro porque me voy,
lloro porque dejo atrás
el espejo donde me miro.
Canción tradicional afrovenezolana

Allí,
donde el azul turquesa
se torna verde agua,
se traza una línea
donde no crecen las algas.

Allí,
paralela al horizonte
azul celeste,
en esa línea empieza
el camino y atrás
quedan nombre y ancla.

 

 

Espectro

(en Antiabrazos: epílogo)

Cervantinamente curioso,
modernamente impertinente

En la estrecha cama de sus deseos
sólo tres y medio participan:
ella, compartible al infinito,
el otro, disponible y dispuesto,
él, colmado de su visual apetito,
y ella,
frágil filmadora último modelo,
fiel escriba del amor eterno.

 

 

Danos, vida, algo nuevo que no se conozca por ésta tu morada

(en Antiabrazos: epílogo)

No nos des el hambre
que de ganas estamos hartos.
No nos des el cansancio
que de desaliento llevamos las caras.
No nos des el sueño
que de insomnio y pesadillas estamos hechos.

Danos ese algo que pruebe
lo improviso, lo furtivo, lo divino.

Pero si de amor se trata,
danos entonces achaques y muertes,
que los amores
no son aventura inesperada,
no son tierra virgen,
no son gratuita carga

…y son sólo las torpes alas negras
de tu mediocre casa.

 

 

*Del poemario: Patrimonio intangible
Colección Darién # 2
San Salvador, El Salvador: Editorial La Chifurnia, 2018

Pauta ominosa

“¿Porqué, pues, he de respetar yo a quien me desprecia? […]
Frankestein, Mary Shelley, 1818

El ojo de la Gorgona no parpadea,
es fijo.
It does not blink!
Es fijo.
Il ne bouge pas!
Y clava su mirada fija en la intrusa presencia
que la asedia y la reta en su propia morada.

El ojo de la Gorgona contempla,
largamente,
contempla
la terrible figura angelical
que la odia y la desecha.
Y su ojo es fijo.
It does not blink!
Es fijo.
Il ne bouge pas!

Su ojo no duda,
no teme,
no miente,
sólo mira
en rabia y en añoranza,
sólo mira
en sinsabor amarga.

El ojo de la Gorgona observa,
sólo observa,
eso que en el corazón doliente
abrasa y sentencia.
Eso que fuera carne de su deseo,
ahora hecho piedra.
El ojo de la Gorgona es fijo.
It does not blink!
Es fijo.
Il ne bouge pas!

Pero el ojo de la Gorgona llora,
también llora,
incrustraciones de sal
por las sombras de sus afectos,
las de aquellos
que la dejaron atrás.

 

 

Ocaso sin meretriz

Un día tocó la puerta de mi casa
un susurre entre líneas
y tarareando dijo que lo suyo
era una tonada del momento feliz.

La belleza sin miedo de su voz
habitó la noche del relámpago
que apagara la esperanza;
y corazón y razón encorbataron la garganta,
anudándole el pañuelo del hasta siempre.

Nunca supe qué cantaba
ni cuándo se fue, ni si volvía, 
sólo sé que su árbol y su sombra
sobrevolaron el horizonte de la duda
para acercar el abismo al desayuno
y habilitar el acuerdo de los aromas.

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Poesía: Eyra Harbar