Poesía: Eyra Harbar

Eyra Harbar

Escribe poesía y narrativa. Algunos de sus poemarios son Calidonia claroscuro (2024), Desertores de alborada (2015), Paraíso quemado (2013). Publicó No está de más en minificción (2018) y Autobús esperanza (2022), La canción de la lluvia (2022) y Cuentos para el planeta (2020) en literatura infantil-juvenil. Su trabajo está incluido en antologías como Aguas. Dodici racconti da Panama (María Secci, Ed. Gran Vía/Italia, 2024), Desde el centro de América (Gloria Hernández, Ed. Alfaguara, 2023), Nuestramérica es un verso. Antología poética 1968-1989 (Zyanya Mejía, Ed. FCE/Perú, 2021), Trilogía poética de las mujeres en Hispanoamérica: Pícaras, místicas y rebeldes (Leticia Luna et. al, UNAM/México, 2004), Mujeres poetas de Panamá, 1980-2025 (Sonia Elhers, Panamá, 2025), Vienen de Panamá (Consuelo Tomás, Ed. Perro Azul, Costa Rica, 2024), La nueva canción de Afrodita (Rafael Ruiloba, Panamá, 2022), entre otras.

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Mire la calle.
¿Cómo puede usted ser
indiferente a ese gran río
de huesos, a ese gran río
de sueños, a ese gran río
de sangre, a esa gran río?
Mire la calle
, Nicolás Guillén

I.

Mira el mar y el muelle que visita.
Mira la historia contagiada por la fiebre del oro. 
Mira los rieles del tranvía clavados a la Avenida Central 
y la Casa Müller, 
que se va como se olvidan los seres sin sombra. 
Mira los restos de una ciudad que se esparce 
innumerable,
heredada a unos 
que serán reemplazados por otros 
vástagos derribados por el tiempo.
La gente camina indiferente a sus fantasmas.
Oyen el silbato de un policía y todos corren, 
todos trabajan,
tratan de llegar por su cuenta a la rutina, 
a renovar el día por la fuerza
sobre la huella que ha sido huella antes que existiera el camino.
Oyen el silbato y entra a la boca la primera hogaza con café 
allí donde la vieja pérgola los mira 
y sigue como siempre.

Poema pertenecientes al poemario “Calidonia Claroscuro”, 2024

 

 

IV.

Los edificios en ruinas 
quedan cubiertos por la vegetación. 
El tiempo los traspasa por hábito.
Demarcan a la gente con su sombra,
las tiñe como un ala de pájaro que posee su alma. 
Los gatos salen y entran de ella cuando quieren. 
No tienen apuro. 
Los gatos resisten por puro goce de escapar a otra muerte.

Se cae un pedazo del día apenas nace, 
un poco de su loza húmeda se desploma sobre la acera
anónima, 
baldía.
Cae sin motivo, 
como una lágrima del decorado, 
como un nido se deshilvana 
ínfimo 
desde arriba.

Las campanas de la iglesia suenan como en cualquier lugar, 
pero esto no es Roma,
repican por el castigo de las enredaderas 
y del escalofrío que carcome el calicanto, 
repican con dolor 
por las ruinosas piedras que restan.

Poema pertenecientes al poemario “Calidonia Claroscuro”, 2024

 

 

V.

La locura ha endurecido el pensamiento 
de una mujer que habla consigo en el basural.
Entronizada en una silla rota, 
no pide disculpas por amanecer.
—Dios es amor, dice. 

Su mensaje mortifica el barullo de otros mendicantes.
Uno golpea el capó de un automóvil y le reclama:
—¿Y por qué se pierde todo tan temprano?

Las palomas, 
que sobrevuelan los caserones, responden en círculos: 
—La rueda de la vida es un carrusel interminable.

Aquí se bebe. Aquí se fuma. Aquí se pierden los zapatos 
al borde de un país que a veces existe.

Poema pertenecientes al poemario “Calidonia Claroscuro”, 2024

 

 

en el lugar más lejano

¿A dónde lleva este viaje?, 
digo al recordar la casa, 
la que vuelve por las noches 
y trae muertos que toman mi mano
y se cuelgan a la puerta 
y se muestran cuando no lo espero. 
El porteador quiebra el alma con los extraviados,  
sin que rehúyan, 
como ciervos saltando a un abismo de seda.
Si pudiera interpretar la niebla 
y el susurro remiso de los desconocidos, 
pero soy barro. 
Pocas cosas tengo, casi nada, 
solo manos rasguñando las paredes, 
solo polvo que perdura sobre la tierra.

La muerte repasa la geografía inexacta de los días. 
Da vueltas por los siglos 
desde el nacimiento de las piedras. 
Se encuentra en la melaza de las sombras, 
en la siniestra noche de uno mismo, 
noche que es uno y su fantasía,
noche de lo que uno fue, 
noche de lo que uno no fue, 
Una noche como ésta,
mi noche 
y la noche de ellos 
y entre nosotros la casa
más allá de donde habita nadie.
La casa es suya y yo su fantasma, 
solo soy su pensamiento de carne
dejado en el lugar más lejano.

Poema pertenecientes al poemario “En el lugar más lejano”, 2024

 

 

y quién sabe hasta cuándo aprenderemos
a vivir como los astros, 
libres en medio de lo que es sin fin
Alfonso Cortés

Los viejos dioses ocupan el planisferio celeste, 
invaden el centro con luz propia. 
Hemos visto las constelaciones derramadas, 
arrancando nuestra cabeza a un estanque sin remero. 

Donde hay un parque para quedarnos dormidos, 
tiramos las bicicletas.
Nos hacemos magos contando estrellas, 
trescientos sesenta grados de cielo implacable. 
Mis ojos negros en su negrura se pierden. 
Somos tan jóvenes que aún no hay cobardía. 
La noche entiende que somos criaturas tempranas 
y nos falta edad para hacer la guerra, 
la noche entiende el extravío sin respuestas 
ante su espejo helado.

Poema pertenecientes al poemario “En el lugar más lejano”, 2024

 

 

amor

No sirve acariciarnos con monstruosas epifanías de naufragio.
Se hunde a nuestro lado el mundo.
Mira los diarios henchidos de humo.
Una generación alarga su caída donde muerde el mar y la captura.
Pero estamos frente a la urna que asalta el jardinero,
el jardinero que ama la raíz
cuando han muerto las flores.

Poema pertenecientes al poemario “En el lugar más lejano”, 2024

 

 

Donde caen las flores

Madre, 
no entierres a tus muertos 
con muertos desconocidos, 
puede que se queden, 
puede que su camino 
afloje la marcha 
del polvosomos 
y remienden el retorno 
con esa piel confusa 
de la noche.

No entierres sus nombres 
con otros nombres 
cuando los asesinos profanan 
el cuerpo de tu cuerpo,
no sea que no puedas llevarle flores, 
porque sin paradero ni fecha
se muere lentamente, 
indefinidamente 
y sin descanso
no se muere,
no se muere,
no se muere.

Poema pertenecientes al poemario “Paraíso quemado”, 2013

 

 

Arraigo

Para cantar versos 
al oído de los muertos 
habría que dar paz 
a los ataúdes vacíos,
que son tantos 
en el corazón 
de las ciudades, 
desterrados del mundo 
en un golpe de guerra.

La tierra no alcanza 
a contar las historias 
y en silencio cava 
habitaciones sin nombre 
para huesos descosidos.
No hay verso que refugie 
el remolino de esa deuda 
para cantar versos 
al oído de los vivos.

Poema pertenecientes al poemario “Paraíso quemado”, 2013

 

 

Cruce

Sobreviviente lo llaman, 
al que atraviesa el infierno. 
Paraíso quemado, 
hogar en llamas. 
En los pueblos borrados 
sus fantasmas a nada pertenecen.

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Poesía: Juan Carlos Olivas