Poesía: Carlos Carbone

Carlos Carbone

(Argentina) Su producción abarca tanto la poesía como la narrativa, estableciéndose como una voz significativa dentro de la literatura contemporánea de su país. Entre sus títulos publicados se encuentran La llegada de los hombresEn la huella del hombreAntes que el viento se apagueVariaciones sobre la noche y otras oscuridades, Áspid, De andenes lluvias y otras MelancoliasCarmaMarcaPasajeros del penúltimo tren y Miradas de fuga, entre otros.

 

 

Cazadores

El camarógrafo se acerca al león
es encantador ver el entusiasmo por su toma
cada vez más cerca de su presa.

El poeta se acerca al poema
es encantador ver el entusiasmo por sus palabras
cada vez más cerca de su presa.

El camarógrafo sigue al león.
El poeta sigue al poema.

El león merodea y de reojo mira su presa.
El poema merodea y de reojo siente
el calor de su presa.

El camarógrafo se queda sin aliento
cuando el león avanza sobre él.
El poeta se queda sin aliento
cuando el poema entra en él.

El león salta sobre el camarógrafo.
El poema salta sobre el poeta.
El camarógrafo huye.
El poeta no.

 

 

El Presagio

Ella
Cuelga como harapos lágrimas sin sueños
y un desgarrado corazón
en el vientre de la lluvia.

Ella
Deja sus manos sobre un viejo libro
y sus manos sobre el olvido
de los siglos.

Ella
Con suspiro de mariposa
piensa en una llave de pan.

La tarde es pálida
Como el presagio de un tigre.

 

 

Pasaje de salvación

Cuando todo sea oscuridad
sólo se salvará
el que tenga una lámpara
que parpadee.

Cuando todo sea sed
sólo se salvará
el que tenga memoria
del vino.

Cuando todo sea fuego
sólo se salvará
el que haya merodeado
los infiernos.

Cuando todo sea despedidas
sólo se salvará
el que haya leído un poema
en la más solitaria noche.

 

 

Ser Amar Creer

El tiempo con su enorme matraca 
puso fin a toda siesta
Miro atrás con un espejito retrovisor
adelante hay menos luz
Ya sé que lo mejor está por venir
pero el reloj 
duerme envuelto en pesadillas.
Soy fervoroso - pero no se nota-
Soy alegre -pero no se ve-
Soy religioso y nadie 
se dio cuenta.

Amo los caballos 
Y todo aquello que sea rojo.
Tengo un profundo desconsuelo 
un dolor 
en la distancia.
Viví en más de veinte casas 
y no extraño a ninguna.

Amo aquello que distrae
como el surrealismo.
He tomado café en tantos bares 
que el cielo es negro.
Conocí estar a pasos de la muerte
“esa flaca y sus tenazas”
ya no pueden asustarme.
Creo en la solidaridad y en la belleza
Y en la poesía que camina desnuda
por las calles del Oeste.

Creo en los jardineros y en los boxeadores
Y en algunos poetas
que cuando leen sus versos
tiemblan.

 

 

Los poetas de la otra cuadra

Los poetas de la otra cuadra dicen que tienen una metáfora
están emocionados por el hallazgo
pero no saben bien qué hacer con ella.

La miran como si fuese un perro azul
los asusta por las noches como un fantasma
se sienten inseguros
frágiles
inquietos.
La leen en voz alta y el viento los despeina.
La gritan en la oreja del amanecer y los gatos flotan
por las terrazas.
La declaman en los bares y llueve una dulce ginebra.
La huelen con desesperación de amantes y tiemblan como niños.
Los poetas de la otra cuadra dicen que tienen una metáfora
cuando solo tenían sueños
eran felices.

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