Poesía: Eugenia Páez
Eugenia Páez
(Argentina) es una poeta y agente cultural nacida en Córdoba y radicada en Frías, provincia de Santiago del Estero, Argentina Su producción literaria se ha destacado en antologías provinciales, nacionales e internacionales, y ha publicado varios libros que han sido declarados de interés cultural y legislativo.
Representó a Frías en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2025 con un fotopoema titulado "Viajera", en homenaje a la Hermana Lina y el Fotopoema Desmonte en el Castillo de Sandro, C.A.B.A.
El viaje
A la memoria de mi padre, Julio César Páez
Aquí, en ese hueco
que nos deja la vida,
pasó el colectivo
como trayéndome flores.
Subí con amorosa
solicitud,
busqué entre los pasajeros
a mi viejo,
el último viaje,
las mismas paradas
y en ese inefable cantar
él ya no estaba.
Bajé,
tomé una bicicleta
el viento y el frío
en mi cara,
casi como escapando
de la melancolía.
Encierra en mi alma
un gozo
ante la antigua librería,
su vidriera impecable
con sus libros en hileras,
sordos al mandato real.
Murmura a mis oídos
Un olor a tostadas y café.
Risas, lágrimas,
miguitas de pan,
un viajero titiritero,
un volver esperado
que aflige con remos
la inmensa sombría.
Bullicio.
Un coro de pájaros
picotean el nudo
de mi garganta.
Pienso en mi padre
Cocinando, casi bailando.
Me resigno,
es un sueño,
se apaga el día
llega una ráfaga
moviendo mi plumaje.
Una calle,
la casa,
los números que no distingo,
la panadería,
el altillo,
sí, el altillo con ventana circular,
el corazón se me acelera
como huyendo
al triste murmuro de hojas,
mis pies con torpeza
me guían,
el último escalón
tiembla el sol,
abro la puerta,
hay un niño llorando,
lo tomo de la mano,
Bajamos,
le devolvemos una sonrisa
a la chica de la panadería,
caminamos
nada es lejos
en ese monte
de lamentos,
nos encontramos.
Rebelión de la musa
Quería palabras como olas,
quería susurros
creciendo como enredaderas
en el azul mar,
quería detallar el quebranto
en el espejo de sus deseos.
Tuvo puntas afiladas
en los versos,
exprimiéndolos en todo
su cuerpo.
Drenó su sangre
donde la sal escribe
lo fugaz y lo infinito,
le habló al oído
a la arena
en el vacío
abismada
amablemente flor.
Blancura artificial
llegando a sus pies,
enturbiando los pliegues
del agua,
escupiendo
piedras,
lodo e incertidumbres.
Alfonsina,
quizás mañana
nos broten agujeros
donde se cuele tu mar
y se vuelva nuestro río,
hablando de pájaros exiliados,
amor, desamparo, ajustes, esperanzas,
sacándonos el cuerpo claro,
donde se propague tu nombre,
no como un crimen impune
para que el frío
no nos suba a la garganta,
boca abajo con los ojos en el vuelo.